MATEO 18. 21Entonces Pedro, llegándose á él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare contra mí? ¿Hasta siete? 22Jesús le dice: No te digo hasta siete, más aun hasta setenta veces siete.

La pregunta de Pedro vuelve a los versículos 15-20, donde Jesús da un detallado procedimiento para efectuar la reconciliación cuando un cristiano o cristiana peca. Pedro está enunciando un asunto práctico: ¿Qué tan lejos deben ir los discípulos con respecto al perdón?

“Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano…?” (griego = ho adelphos mou, literalmente “mi hermano”). En muchos otros lados, Jesús lidia con las relaciones fuera de la iglesia (“Mas yo os digo: Amad á vuestros enemigos” 5:44), pero en este pasaje trata sobre perdonar a nuestros hermanos y hermanas cristianos.

En la versión de Lucas de esta historia, Jesús dice, “Si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.  Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere á ti, diciendo, pésame, perdónale.” (Lucas 17:3-4). En esa versión el perdón es condicional al arrepentimiento. En la versión de Mateo, Jesús no menciona el arrepentimiento. Sin embargo, los versículos 15-20 claramente requieren el arrepentimiento y un cambio en la conducta si el pecador ha de continuar en la iglesia, y la parábola que Jesús usa para ilustrar el perdón (versículos 23-35) es una historia de dos deudores cuya súplica por misericordia constituye un tipo de arrepentimiento. Es justo decir que aquí estamos lidiando con un pecador arrepentido.

En vez de escuchar la respuesta de Jesús, Pedro propone la suya: “¿Hasta siete?” Siete veces es algo generoso. La norma rabínica era tres, basados en Amós 1-2: “Por tres pecados de Damasco, y por el cuarto, no desviaré su castigo,” una frase repetida varias veces en esos dos capítulos. La idea es que Dios perdona tres pecados y castiga el cuarto. Pedro siente que Jesús quiere que sus discípulos vayan todavía más allá de eso, así que lo eleva al doble y una más para tener una buena medida.

El siete también es un numero santo para el pueblo judío que simboliza “la perfección, totalidad, abundancia, descanso, y completamiento” (Lockyer, 968). Tiene asomos de infinitud; por ejemplo, los siete días de la semana constituyen un ciclo interminable; así que la propuesta de Pedro puede ser todavía más generosa de lo que puede parecer a primera vista.

La respuesta de Jesús demuele la cuidadosa construcción de Pedro. “No te digo hasta siete, más aun hasta setenta veces siete.”  El griego, hebdomekontakis hepta es ambiguo, y puede significar setenta y siete o setenta veces siete. Sin hacer caso de esto, Jesús no nos está invitando a llevar cuidadosos registros de las veces que perdonamos, sino que está colocando una norma que hace que llevar esos registros sea poco práctico. Jesús no nos está dando una lección de matemáticas, sino una lección sobre la gracia. ¿Quién puede perdonar setenta veces siete –o incluso setenta y siete veces— y llevando un registro de ello? ¿Quién puede perdonar tan habitualmente sin convertirse en una persona perdonadora? ¿Quién puede olvidar el pecado de la otra persona mientras pone marcas de gis (tiza) en la pared? Llevar un registro no es perdonar, sino más bien ir marcando el camino hasta el día en que podamos tomar venganza. El motivo de llevar un registro no es la reconciliación, sino el desquite, las represalias. Ir llevando un registro del perdón otorgado es como ser un banquero tramposo cuyo motivo es ir haciendo el registro de las deudas hasta que ya no se pueda pagar la hipoteca. Jesús propone algo completamente diferente. “Setenta veces siete es cuatro cientos noventa veces: ‘podemos hacer esa multiplicación en nuestra cabeza’. Pero (lo que Jesús propone) es aritmética celestial: ‘Debemos hacerlo en nuestros corazones’” (Buttrick, 475).

El numero siete y setenta y siete pueden tener sus raíces en Génesis 4.  Ahí Dios pronuncia un castigo septuplicado para cualquiera que mate a Caín (v. 15), y Lamec lo extiende hasta setenta veces siete para cualquiera que quiera matarlo a él (v. 24). Si los números siete y setenta y siete en Mateo 18 verdaderamente se derivan de Génesis 4, estos proveen un giro irónico. En Génesis, los números se refieren a la venganza. En Mateo, se refieren al perdón.

Los problemas que surgen por la respuesta de Jesús son serios y numerosos. ¿Acaso Jesús requiere que nos coloquemos completamente a la merced de un pecador no amoroso y que no se arrepiente? ¿Acaso él elimina las soluciones de “amor duro” para problemas de alcoholismo, adicción y abuso? ¿Acaso requiere un tipo de pasividad que nos haga un blanco fácil para personas sin escrúpulos? Encontramos la respuesta a estas preguntas en los versículos 15-20, donde Jesús bosqueja un proceso riguroso para lidiar con un hermano o hermana que no se quiera arrepentir: un proceso que puede llegar hasta la expulsión. Jesús claramente intenta que tomemos en serio los problemas serios y que tomemos acciones correctivas fuertes donde se necesite. La meta de los versículos 15-20 es la disciplina (y con esperanza la restauración) del pecador o pecadora que no se ha arrepentido. La meta de los versículos 21-35 es el perdón del pecador arrepentido.

Setenta veces siete es una colección de historias auténticas de hombres y mujeres como usted y yo, gente afectada por el racismo, la infidelidad matrimonial, la represión política, la brutalidad policial, el sufrimiento de la guerra, la muerte violenta de un ser querido. No se trata de una discusión abstracta o teórica. Al leer estos relatos, entramos en la vida de personas que han sufrido y han sabido perdonar (y de las que no han perdonado), de personas que descubrieron que el perdón tiene el poder de sanar aún las más profundas heridas (y de las que continúan en búsqueda de reconciliación).

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LIBRO: SETENTA VECES SIETE

 

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